En anteriores ocasiones hemos hablado de conceptos básicos sobre Ciberseguridad y también sobre el peligro de prácticas como el sexting. Hoy, desde el blog de KZgunea, queremos aportar un poco más de información sobre otro de los peligros que podemos encontrarnos en Internet: el grooming.

El grooming es el acoso por parte de un adulto hacia un menor con diversos y perversos objetivos:

  • Conseguir material de tipo fotográfico o vídeos de contenido sexual, ya sea para consumo propio del pederasta o para su divulgación por redes.
  • Encuentros en persona y posterior abuso sexual físico al menor.
  • Explotación sexual y/o prostitución infantil.
Grooming

Grooming

Según el informe Violencia Viral realizado por Save the Children basado en una encuesta realizada a 400 jóvenes de entre 18 y 20 años preguntándoles sobre su infancia/adolescencia, el grooming (en su variante online, el que se produce por Internet) es mucho más frecuente de lo que pensamos: uno de cada cinco encuestados, es decir, el 20%, ha sufrido este tipo de acoso y el 15%, en más de una ocasión. La edad media en la que se sufre esta violencia es a los 15 años.

Este acoso no ocurre de la noche a la mañana. Se puede decir que es un proceso largo en el que vamos a poder distinguir diferentes fases:

  • Crear el vínculo: en muchos casos el adulto cambia su modo de chatear para hacerse pasar por un menor, creando perfiles falsos en la redes sociales, con gustos similares al del menor para realizar el primer acercamiento. Una vez establecido el contacto, es posible que finja empatizar con los problemas que tiene el menor o incluso le haga regalos (un móvil nuevo, saldo o dinero para hablar por teléfono…), para así ganarse su confianza y que el menor facilite información personal sensible o contenido de imagen o vídeo comprometido. Después podría utilizar esta información obtenida para hacer chantaje.
  • Aislamiento del menor y valoración de riesgos: para intentar que el menor mantenga su secreto, el adulto intentará separarlo de la gente que lo rodea (familiares, amistades, etc.). El acosador intentará averiguar quién más tiene acceso al ordenador/dispositivo del menor o si alguien más sabe sobre su relación, para así mantener su poder sobre su víctima.
  • Conversaciones sobre sexo: buscando que el menor se sienta cómodo y sepa de qué están hablando, poco a poco comenzará a introducir un vocabulario sexual y mantendrán conversaciones sobre el tema.
  • Conseguir el objetivo principal: no olvidemos que el objetivo principal del abusador es conseguir material fotográfico o vídeos, para lo que recurrirá a la manipulación, amenazas o a la coerción para obtener lo que busca: que la víctima le envíe material sexual, le relate fantasías sexuales o puedan tener un encuentro físico.

No debemos olvidar que, al menos en el caso de los niños y niñas, no hay consentimiento ya que no son conscientes de lo que realmente ocurre y no cuentan con las herramientas adecuadas para defenderse. Pero el daño causado tiene sus consecuencias:

  • Abuso y agresión sexual: El pedir las imágenes o vídeos de contenido sexual al menor ya es un abuso. El agresor también podría llevar a cabo agresiones sexuales físicas, causando graves secuelas físicas y emocionales en el menor.
  • Ansiedad y depresión: la ansiedad y la depresión suelen ser dos de las consecuencias psicológicas más habituales, dependiendo del abuso/agresión, su duración en el tiempo, el apoyo recibido y otras variables.
  • Problemas de sociabilidad, afectividad o de rendimiento escolar: entre otras de las consecuencias se encuentran la baja autoestima o la falta de confianza en sí mismos, una disminución de la concentración, desinterés por actividades favoritas o dificultades para interactuar con otras personas.

Ante una situación tan compleja como el grooming, la mejor respuesta es la prevención. ¿Qué medidas podemos tomar para esto?

Establecer hábitos de uso seguro en Internet, estableciendo horarios de uso y lugar en el que se navegará, favoreciendo el uso de espacios comunes a todos.

  • Promover la precaución al conversar online, sean conocidos o desconocidos, no deberían compartir información personal y debemos mantenernos alerta: no sabemos quién es el del otro lado, puede que no sea lo que dice ser.
  • Evitar prácticas de riesgo: remitiéndonos a la entrada sobre sexting, no practicarlo, ni guardar o intercambiar fotografías comprometidas ni con parejas ni amistades íntimas.
  • Comprobar si notamos que algún amigo cambia su comportamiento en las redes. Tal vez le hayan sustraído la cuenta o robado la identidad.
  • Concienciar sobre el uso de la cámara del móvil o la Web-Cam: mientras no los estén utilizando, deberían estar tapadas. Realizar videollamadas o sacarse fotografías es un riesgo sobre el que no pensamos mucho; podemos generar contenido comprometedor o íntimo sin apenas darnos cuenta.
  • Comunicación y sensibilización: mantener una buena comunicación con los menores nos permitirá conocer sus hábitos en Internet. Hablar con ellos sobre el amor y la sexualidad, es decir la educación afectivo-sexual, les ayudará también a diferenciar entre relaciones sanas y las que no lo son. En situaciones de dificultad o si tienen algún problema, acudirán a nosotros o al adulto con quien se sientan más cómodos.
  • Acompañamiento y supervisión: aunque no siempre resulte fácil (para nosotros y también para los menores), utilizar sistemas de control parental en los dispositivos puede ayudar a limitar su uso y supervisar lo que hacen. Además, el acceso a Internet, en especial de los más pequeños, debe contar con la supervisión de un adulto, para que podamos enseñarles poco a poco cómo utilizar las diferentes herramientas que tienen.

Y si ya ha surgido algún problema, ¿cómo debemos reaccionar?

  • Apoyar al menor: si el menor ha dado el paso de contarnos lo que le sucede, no debemos culpabilizarlo o quitar importancia a lo que le pasa, y debemos ofrecerle todo nuestro apoyo, sin dudar de sus palabras.
  • No ceder nunca ante el chantaje: no enviar nunca ninguna foto, sólo conseguiremos agravar la situación.
  • Recopilar información y mantener la calma: no debemos dejarnos llevar por la situación ni actuar de manera irreflexiva. No conviene contactar con el acosador, ni borrar la información, ya que esto puede agravar la situación todavía más. Recopilar la información, es decir reunir o juntar todos los mensajes, contenidos enviados y recibidos, etc. nos ayudará con el siguiente paso.
  • Denunciar: el grooming es un delito bastante complejo y podría haber más menores en la misma situación, poner una denuncia ayudará a parar este acoso.
  • Ayuda psicológica: Las consecuencias para el menor, y también para los adultos, pueden ser difíciles de afrontar. Tanto el centro de salud, como el centro educativo pueden ofrecer ayuda para superarlo.