Seguramente, desde su salida, la Inteligencia Artificial (IA) ha resultado ser una herramienta útil para funciones de lo más variopintas, desde transformar tu autorretrato en una ilustración al estilo Tim Burton hasta planificar tu rutina de gimnasio siguiendo la estructura que te recomienda tu nueva mejor amiga. Sin embargo, un proceso aparentemente inocente, como formular una pregunta, puede ser el desencadenante de un consumo energético desmesurado y de unas emisiones mucho más elevadas de lo que puedes llegar a imaginar.

¿Qué hay detrás de cada pregunta formulada?

Cuando se lanza una pregunta a una IA de lenguaje, se activa un entramado ecosistema digital que comienza con el procesamiento de la frase introducida en el sistema. Estas palabras se transforman en lo que conocemos como “tokens” -pequeñas unidades de información- que se sirve de servidores de altas prestaciones (múltiples GPU de última generación), de redes de transmisión de datos (para enviar y recibir la información atravesando varios continentes) y de sistemas de almacenamiento.
El uso de todos estos sistemas se traduce en un gasto energético hasta 15 veces mayor por hacer una consulta en un modelo de lenguaje (entre 2 y 5 Wh) que el gasto de una búsqueda tradicional en Google (0,3 Wh). En 2023, Open AI reconoció que ChatGPT procesaba más de 200 millones de interacciones diarias.

Cada palabra cuenta

La complejidad de la respuesta también afecta al consumo. Por ejemplo, dar instrucciones demasiado extensas, solicitar recursos más allá de la creación de texto (imágenes) o incluso dar las gracias al final de nuestra consulta resulta en un incremento de la carga energética que estas IAs requieren.

Uso responsable de la inteligencia artificial

El extenso uso de la IA deja en evidencia las interminables utilidades que tiene esta herramienta y, como vamos a seguir usándola diariamente, conviene conocer algunas pautas que te pueden ayudar a reducir el gasto energético innecesario:
1. Sé específico/a. No des vueltas a la hora de hacer tu pregunta, ve directo/a al grano.
2. Agrupa. Si tienes varias dudas, únelas en una sola consulta en lugar de mandarlas por separado.
3. Almacena. Guarda y reutiliza las consultas previas o accede al historial de la IA para volver a ellas sin tener que realizar una nueva búsqueda.

Lo más importante es usar la inteligencia artificial responsablemente, haciendo uso de la consciencia y el conocimiento que posees respecto al impacto medioambiental que tiene hacer una simple pregunta. Para saber más sobre el tema, te esperamos en el curso gratuito “Inteligencia artificial, ChatGPT y sus alternativas” de KZgunea.